Sábado, 07 de marzo de 2009

 

 

La teoría de la disuasión, según la cual la fuerza militar resulta más efectiva que las palabras, goza de amplio predicamento entre el aparato político occidental. La sufren los pueblos atrasados, con precarias infraestructuras y sistemas de educación decimonónicos. Según los ideólogos de la disuasión –maquiavélicos que ocupan carteras de interior, exterior y defensa del establishment- las naciones atrasadas responderán a unos principios muy similares a los que Paulov observó en los animales y a partir del cual estableció su reacción mecánica.
Tal pensamiento estaba presente en Moshe Ayalon cuando en 2002 declaró que “debemos hacer comprender a los Palestinos, en lo más profundo de su conciencia, que son un pueblo vencido”. Estas palabras, pronunciadas por el que fue Jefe de Estado Mayor, resumen una política de “la zanahoria y el garrote”: Israel, oficialmente, se declara partidario de la Paz. 

La nueva guerra se viste sutilmente con los ropajes de la propaganda. El análisis de oportunidades del gabinete israelí para llevar a cabo actuaciones relámpago tiene cada vez más presente la batalla de la información. El ejecutivo israelí, presionado por las elecciones del 10 de febrero, se sentía apremiado a “dar una lección” al gobierno Palestino, representado por Hamas, organización extremista de sesgo nacional-islamista. En Estados Unidos la atención estaba centrada en el relevo histórico que llevaría a Barack Obama a la presidencia; era el momento de aprovechar las últimas gotas de permisividad de la administración Bush; el mundo entero descansaba en las vacaciones de navidad, las redacciones estaban en servicios mínimos, la población distraída de la actualidad internacional.

A diferencia del terrorismo temido en occidente, la violencia de estado busca la discreción. Las cámaras le incomodan. Las crónicas minuciosas afectan a sus intereses. Las matanzas han de ser rápidas, desaparecer rápido del plano de la actualidad, nunca televisadas: durante los 23 días que duraron los bombardeos sobre la franja de Gaza los periodistas no pudieron acceder in situ al acontecimiento, debido, según fuentes oficiales israelís, a que el gobierno no les podía garantizar su seguridad.

No es una burda excusa. La franja de Gaza es el territorio más densamente poblado del mundo. Su anchura en ocasiones no supera los diez kilómetros. Las ciudades están separadas por no más de un kilómetro en muchas zonas. Si en la Comunidad Valenciana nos encontramos 216 lugareños en cada kilómetro cuadrado, en la Franja de Gaza serán más de 4000. No es de extrañar pues que Israel vetara la entrada de informadores. El peso de los periodistas occidentales es mayor si están muertos, la acción propagandística de Israel para justificar su actuación carecería de sentido. Las garantías de los civiles de sobrevivir chocan con las acusaciones de Nina Ben Ami, portavoz de la embajada Israelí en Francia: “Hamás apunta a los civiles, nosotros hacemos todo lo posible por evitarlos”.

Dominique Vidal afirmaba en Le Monde Diplomatique que “Al riguroso acordonamiento en el interior y al acordonamiento de la Franja de Gaza que les ahorrara a los telespectadores las imágenes de una Gaza martirizada, se sumó una propaganda en todos los frentes en el exterior”. Las declaraciones de Nina Ben Ami se enmarcan en esta dinámica desinformadora. Tras el acceso de periodistas occidentales a la franja el recuento de estragos ya es de dominio público. La aviación Israelí bombardeó poblados civiles, destruyó hospitales, redujo a escombros edificios emblemáticos de la comunidad civil palestina tales como las Facultad de Ciencias Técnicas de la Universidad Islámica. Ninguno se puede considerar como daño colateral, pues todo apunta a que formaban parte de objetivos militares. En realidad concretar carece de sentido. Gaza es hoy una población arrasada, la ya de por sí escasa industria se sustenta en las existencias que los comerciantes han podido rescatar entre los cascajos. Una generación entera de gazauis vivirá para reconstruir lo destruido. 

Las pérdidas humanas se estiman en torno a las 1400. Pese a que el aparato propagandístico sionista afirma haber evitado el daño civil, dos tercios de los muertos carecen de vinculación con Hamás o con el ejército palestino. El Estado mayor israelí no dudó en emplear bombas fósforo en su acción militar, arma con agentes tóxicos prohibida en el Protocolo III de la convención de 1980 debido a su capacidad destructora entre la población civil. 

Detrás de las justificaciones a las violaciones del derecho de guerra internacional subyacen otras de carácter político, militar y estratégico. Se trataba de ofrecer una visión amable de la acción militar israelí. Según publicó el semanario inglés The Observer “se creó, con cierto éxito, una nueva dirección de información para influir en los medios de comunicación, y cuando comenzó el ataque una avalancha de diplomáticos, grupos de presión, blogs y otros defensores de Israel comenzaron a machacar con una serie de mensajes cuidadosamente elaborados”. 

Esbozar un ataque contra una organización terrorista, fibra sensible de occidente, suponía colocar los cimientos de toda una teoría que convirtiese en legal lo que a ojos de la ONU vulnera el derecho internacional. Las imágenes de los desperfectos causados por los cohetes caseros Qassam en poblaciones israelís fueron ampliamente difundidas en medios de comunicación occidentales. Los colonos israelís en la península del Sinaí estaban bajo peligro y era preciso diezmar el potencial destructor de Hamás. Israel comenzó la operación “Plomo Endurecido” en los medios de comunicación occidentales, se trataba de crear una situación ein brera –sin salida-, que convirtiese en autodefensa los bombardeos. Estos serían una respuesta última a la ruptura de la tregua por parte de Hamás, una vez agotadas todas las vías de negociación. 

Sin embargo la ruptura de la tregua puede considerarse bilateral, tal como han remarcado varios expertos en el conflicto. Si bien no se pueden justifica desde una óptica humanitaria el lanzamiento de misiles sobre población civil, aunque estos sean de construcción casera y de escaso potencial destructor, la tregua acordada sólo sería efectiva una vez que el gobierno que preside Ehud Olmert levantara el bloqueo sobre la franja de Gaza y permitiese la libre entrada de ayuda internacional. Las fronteras no se abrieron y desde la victoria de Hamás en las elecciones palestinas de 2006 el 80% de los gazauis dependían de organizaciones humanitarias; los productos básicos y la energía escaseaban; la policía secreta Israelí continuaba con sus operaciones selectivas, como demuestran los 6 miembros de Hamás asesinados el 4 de noviembre pasado; en Israel muchos palestinos permaneces encarcelados y se empieza a hablar ya de “El Guantánamo israelí”. La justificación de debilitar a Hamás, por otra parte, se ha confirmado como inútil: tras casi tres años de enfrentamientos internos en las últimas semanas se han producido los primeros acercamientos con la OLP, facción política moderada del movimiento palestino. Los jóvenes palestinos no se ruborizan para declarar abiertamente su odio hacia Israel ante los muchos medios occidentales que se han desplazado a la Franja para elaborar sus extraordinarios reportajes. La voluntad en todos ellos es la de resistir y reconstruir. Han perdido la esperanza de lograr la Paz, pero todos afirman que no hay rendición posible.

Todo un discurso victimista surge en torno a la actuación israelí en Gaza. Diplomáticos, ejecutivos, ministros y altos mandos imponen un discurso maniqueo ante los medios. Se habla de odio hacia Israel y antisemitismo que afecta también a los judíos en diáspora. Lo cierto es que presentar a Israel como victima de prejuicios antisemitas carece de lógica. Los gobiernos occidentales han apoyado al estado sionista en su enfrentamiento con Hamás, y no han reconocido el gobierno votado por los palestinos en las urnas. De las 33 resoluciones dictadas por el Consejo de Seguridad de la ONU para resolver el conflicto ninguna ha sido cumplida por el Estado Israelí, cuyo ejército ha violado reiteradamente el Convenio del Ginebra y otros acuerdos internacionales sobre el derecho de guerra. Pese a ello, los flujos comerciales con occidente siguen siendo poderosos y las relaciones gubernamentales fluidas, e incluso corrientes de opinión neutrales, como la que ha predominado tradicionalmente en Francia, comienzan a tomar una orientación pro-israelí. 

Mientras, el objetivo de la Paz parece más lejano que nunca, las posiciones políticas de israelís y árabes se han radicalizado. La extrema derecha ha salido triunfante de las elecciones al parlamento israelí y Hamás parece más reforzada que nunca entre la población palestina y sus vecinos islámicos. Los objetivos de la operación “Plomo Endurecido”, todos sus presupuestos, han fracasado. El estado sionista ha perdido la batalla de la propaganda ante la comunidad internacional, Palestina es hoy un vivero de jóvenes radicalizados dispuestos a atentar contra Israel, y la población Israelí apoya un gobierno radical y con mentalidad expansionista. Surgen tensiones ideológicas que van más allá de la simple convivencia pacífica: la tierra forma parte inseparable de la identidad nacional y religiosa, y sus habitantes se muestran reacios a abandonarla aunque ello suponga la muerte. La paz parece hoy más utópica. 


Tags: Palestina, Israel, Sionismo, Actualidad Internacional, Oriente Medio

Publicado por Javier.Fernandez @ 22:25
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